Salidas de Emergencia

04 enero 2006

Ganando el órdago

Solos en la habitación, todo parecía encajar.
Sentía como el juego estaba llegando a su fin, o, quizá, comenzando, pero en esta ocasión con una buena apuesta.
Mi deseo había aumentado y después de los primeros encuentros fortuitos, tenía que apostar fuerte o perder. No sabía que querría el, pero iba a arriesgar: le follaría esa misma noche.

Nos separaba una mesita de noche, y la luz era ténue, así que, desnuda, levanté mi manta y me acerqué despacio a su cama. Le oía respirar, y sabía que escuchaba mis movimientos. Retiré la manta que le cubría y me recosté junto a el.

Le miré a los ojos, oscuros y profundos, y supe que ganaría la apuesta.

Su boca se acercó a la mía, posando sus labios sobre los míos. Yo no necesitaba un beso suave, quería que me comiera, que me devorara, que me poseyera entera.

Saboreando sus labios, jugosos, carnosos, mi boca sedienta, le lamió y besó desde la comisura hasta el centro de los labios.
Nos aceleramos, y mi cuerpo se estremeció en cada beso, en cada caricia, mientras sus manos se deslizaban suave pero firmemente por mi cuerpo, quedando cubierto por completo por su deseo.
Noté cómo su polla quería escapar de su escondite, así que, deslicé los calzoncillos dejando al descubierto su sexo, erecto y excitando.
Sus dedos paseanban por mi clítoris, y mi excitación aumentaba de forma que necesitaba comerle, chuparle y lamerle por completo. Mi boca, jadeante, bajó hasta su sexo, besandolo suavemente, desde la base, y continuando por el resto del pene, mordisqueando y chupando, lamiendo, sin dejar de sentir el deseo. Mi lengua jugaba con su glande, mojado, paseándola, hasta meterla por completo en mi boca. Oía sus suspiros, sus gemidos, y mi excitación aumentaba.
Estaba mojada, tan mojada que creía que su polla resbalaría dentro de mi.

Con ritmo lento, profundo, introdujo su pene, despacio, pero intenso, dulce y tierno, pero poderoso y enérgico, sintiéndolo dentro de mi, en lo más profundo de mí, me atravesó, y sentí intensamente cómo su pene me acariciba, me inundaba y me cubría.

Sus embestidas, lentas y profundas, me llenaban y me llevaban al placer extremo. Ni siquiera sentía sus caricias, ni siquiera sentía sus besos, sólo sentía su polla dentro, penetrándome, estremeciéndome, haciéndome disfrutar y jadear, mi boca seca y sedienta de los jugos del deseo que sentía.

El orgasmo llegó, sin tardar.

Etiquetas:

Suscríbete:


Salidas de Emergencia


Participa:

Number of online users in last 3 minutes


Cotillea lo que se charla...

Ultimos comentarios:



Créditos

free hit counter javascript




Powered by Blogger
Add to Technorati Favorites