21 agosto 2006

Juegos peligrosos

Mientras pido otra copa, se acerca a mí por la espalda, a traición, clavando su paquete contra mi culo, recorre mi cintura desde la espalda hasta que mete por delante la mano por mi falda, mi braguita y llega hasta mi coño, mete su dedo dentro y lo lleva después a su boca, se lo chupa mientras susurra en mi oído que me quiere comer el coño, rozando con sus labios mi oreja y produciéndome un escalofrío en el vientre.

A la tercera vez, en un sitio más oscuro, en un encuentro presuntamente accidental, llevé la mano a su paquete y toqué su polla dura. El me susurró al oído que se la chupara. Demasiado caliente y demasiado vulnerable al tipo de peticiones que me causan escalofríos, le hice una mamada que acabó descargando en mi boca.

Su mujer estaba tan cerca como para habernos pillado. Qué zorras somos a veces.

5 comentarios:

Susana dijo...

Jo, ¡qué cosas más interesantes te pasan o elucubras! Tú desparpajo me anima en el personal proceso de desinhibición que emprendí el 1 de enero del presente sin demasiado éxito todavía.

Con vuestras letras y las de Antonio Gala edifico mi armonía emocional cada día. ¡No dejéis de escribir nunca! (Porfa)

¡Besitos!

Senador dijo...

Me encantan vuestros textos pero soy incapaz de identificaros a cada una con vuestros nombres y fotos. Mi líbido lleva meses bajo cero pero aún así no me pierdo ni una de vuestras historias.

Además ahora cada vez que en un sitio veo el cartel de Salida de Emergencia, me acuerdo de vosotras.

Anónimo dijo...

from my garage I imagine...pienso y sueño en como me acerque, te recorri, como me lo chupe,como me tocaste y como deseaba hacerlo en tu boca, me hubiese quedado mas tiempo en ella pero...otra vez sera, en otra ocasion, en otro juego peligroso...lo espero con ansiedad y espero que nunca se acabe porque es peligroso y morboso a la vez ¿empiezas tu?.
si es peligroso porque lo hago-hacemos-hacen?

Anónimo dijo...

Uff. tu historia me recuerda a una vez, hace algo así como 20 años, en que me tocó dormir con mi mujer a mi derecha, la mujer de un amiguete mío a mi izquierda y él a su izquierda, todos en el suelo y sacos de dormir, en una casa de campo que habían comprado para reformar. No sé como pero la que no era mi mujer y yo, a altas horas de la madrugada, emprendimos un juego de caricias absolutamente febril en el cual ella se corrió al menos cinco veces, gracias a mis caricias y ella me acarició dentro del saco de dormir hasta que provoqué allí dentro un estropicio lácteo. Gracias por tu minirelato que me hizo recordar esa audacia y me ha dado ganas de compartirla con todos vosotros ¡menos con Antonio Gala!

Peggy dijo...

Es que las situaciones peligrosas ponen mas :) . lo prohibido , la ventura .....