Formábamos una pandilla de unos 12 o 13 personas entre chicos y chicas. Teníamos una media de 15 años o así y cada un@ se había liado por lo menos con uno o dos del sexo opuesto. Yo misma llevaba un ranking de dos pibes y eso que hacía sólo un mes y medio que andaba por esa zona costera.
JA había sido mi descubridor de las pollas y mi instructor de las pajillas. Cada vez que nos veíamos nos íbamos a un sitio oscuro a meternos mano y a hacernos pajillas, sobre todo yo a él, porque tras experimentado diversas torpezas masculinas, yo pasaba de ser "conejillo" de indias de nadie....Con JA hubo muy buen rollo desde siempre, incluso tras dejar de ser "novios" pudimos ser amigos.
Después vino I. El caso de I fué distinto. El se enteró de que yo "hacía pajas" y como JA y yo habíamos "quedado como amigos" empezó a tirarme los tejos a saco, a todas horas. A mí me cansaba un poco aquello, pero realmente me apetecía enrollarme con él. Era el tío más grande de la pandilla, el chulillo y algo gilipollas. Nos enrollamos en un portal de una finca, empezamos con los morreillos y metemanos típicas. Al cabo del rato noté que el tío se estaba empalmando y me apeteció tocarle la polla por encima del pantalón. El aceleró sus morreos y me acercaba más a él mientras me metía mano. Nos sentamos en un escalón, le desabroché el pantalón y le saqué la polla. (Con JA había desarrollado una gran destreza en el arte de "sacar pájaros de su jaula", no necesitaba ni mirar.)
La polla de I -por el recorrido de mi mano- era bastante grande, por lo menos más que la de JA. La calidad de mis pajas había mejorado bastante, ya la agarraba con fuerza y la meneaba a la velocidad adecuada, había tenido buen maestro. Me concentré en mirar la polla mientras le pajeaba. También miraba su cara, el tío ponía una cara entre placer y sufrimiento, incluso llegué a pensar que lo estaba haciendo mal, pero fué enconces cuando empezó a gemir. Aquellos gemidos pajilleros me calaron hondo, veía sus ojos cerrados, su boca abierta y me impresionó oir gemir a un tío, me resultaba poco masculino :-O pero me encantó.
Ese tío siempre gemía con las pajas, me parecía algo genial, me dejaba hipnotizada, desconectaba totalmente cuando gemía. Un día me fuí al baño y se metió dentro, conmigo. A mí no me importó porque iba algo piripi, meé mientras él me miraba y se la empezó a menear allí mismo. A mí me importó bastante poco, terminé mi faena y me puse a su lado a ayudarle, el tío se empezó a excitar más y más y empezó a gemir. Creo que me hice adicta a sus gemidos y necesitaba oirlos y verle la cara. No tenía ningún vínculo afectivo con él, pero me encantaba verlo y sobre todo oirlo gozar.
Una de las últimas pajillas antes de abandonar aquella playa, fué en casa de JA. Habíamos quedado toda la pandilla para ver una peli porno. Era un poco coñazo y nos quedamos en la casa unos cuantos. El propio JA y R se fueron de allí. Mi rollito I comenzó a ponerse cariñoso conmigo. Yo tenía ganas de marcha y de oirle. El me cogió la mano y me llevó a una habitación. Nos empezamos a besar y nos quitamos algo de ropa, aunque éramos jóvenes para follar, pero la oscuridad nos arropaba y el alcohol nos desinhibía. De nuevo acabé con esa polla que tanto conocía en la mano, y comencé a menearla, recuerdo haber pensado que sólo tocaba pollas duras y me parecía que ese era su estado natural. No le veía la cara pero tocaba su boca con mis dedos, tenía la boca abierta y húmeda, pude imaginar su cara de placer. Eso me hizo acelerar mi mano lo que provocó empezar a oir sus gemidos. La oscuridad me hacían concentrarme completamente en ellos y disfrutar con su "música". Acababa con un jadeo progresivo que terminaba mojando el dorso de mi mano. Y ahí ya sabía que tenía que parar.
Aquello me costó un disgustillo con JA, ya que era su cama, pero creo que me perdonó.
¿Te ponen los gemidos?
PS: I sigue siendo un gilipollas, ahora casado y con hijos. Ví a JA hace unos años, estaba buenísimo el cabrón, encantador y simpático.